Maestro del tres puertorriqueño
Nacido en Río Piedras, Mario Hernández mostró desde muy temprano una inclinación natural hacia la música. Su primera exposición al público ocurrió cuando apenas tenía 11 años, participando en el programa radial del reconocido don Rafael Quiñones Vidal, donde cantaba acompañado de su guitarra. En esos años iniciales utilizaba el nombre de Mario Casanova y ya evidenciaba una sensibilidad artística poco común para su edad.
Durante su juventud formó parte del Conjunto Criollo, dirigido por Osvaldo Osorio, experiencia que marcaría el inicio formal de su camino profesional. Posteriormente se integró al Conjunto Libertad bajo la dirección de Juan Ortiz, agrupación en la que coincidió con Ignacio Caraballo, quien con el tiempo se convertiría en uno de sus colaboradores más cercanos y constantes. Fue en esta etapa donde ocurrió un momento decisivo en su trayectoria musical: Mario, quien entonces ejecutaba el bajo, intercambió el instrumento con Rafael Casaigne conocido como Felo para adentrarse en el mundo del tres cubano, instrumento que definiría su identidad artística para siempre.
El propio Hernández relataba que su fascinación por el tres surgió al escuchar a Piliche del Sexteto Puerto Rico. Aun dominando ya instrumentos como la guitarra, el bajo y el bongó, aquel sonido lo impactó profundamente. Sin demora, improvisó su primer tres en casa, iniciando así una relación inseparable entre el músico y el instrumento.
A comienzos de la década de 1950 fundó la agrupación Los Diablos del Caribe, que rápidamente alcanzó notoriedad popular. Con Cecilio Ignacio Caraballo como cantante principal, el grupo cosechó éxitos ampliamente difundidos en la radio y las velloneras de la época, consolidándose como una de las propuestas más reconocidas del género. En estas grabaciones, Mario Hernández se destacó como tresista y segunda voz. Fue también con esta agrupación que el cantante dominicano Alberto Beltrán realizó grabaciones antes de integrarse a La Sonora Matancera.
A mediados de los años cincuenta, Hernández se trasladó a Nueva York, donde fundó el Sexteto Borinquen. Esta agrupación se convirtió en un referente dentro del mercado hispano de la ciudad y grabó con figuras legendarias como Daniel Santos, Davilita, Felipe Rodríguez La Voz y Panchito Riset. Sus producciones para los sellos Ansonia y Borinquen lograron amplia difusión tanto en la diáspora como en Puerto Rico, consolidando el prestigio de Mario como uno de los grandes exponentes del tres.
En la década de 1970, su carrera tomó un nuevo impulso al integrarse a Ismael Rivera y sus Cachimbos. Fue junto a Mario Hernández que Maelo cantó por primera vez en una presentación en la avenida Borinquen. Con el tiempo, cuando Ismael Rivera necesitó un tresista para su proyecto musical, solicitó expresamente la contratación de Hernández, reconociendo su maestría y trayectoria. Juntos recorrieron diversos países y dejaron momentos memorables, entre ellos la histórica grabación de Las caras lindas, composición de Tite Curet Alonso.
Hacia finales de la década de 1990, Mario Hernández regresó definitivamente a Puerto Rico, donde continuó activo en plazas públicas, espectáculos y actividades privadas. Su energía sobre el escenario sorprendía al público, que admiraba su vigor y fidelidad a la esencia musical que lo caracterizó durante toda su vida. En el año 2001 celebró 45 años de carrera artística acompañado por destacados músicos, entre ellos Vicente Andino, Milton Correa, Ángel de Jesús, Phillip Villanueva e Ignacio Caraballo. En 2006 participó en el concierto Sobre todas las cuerdas en el Centro de Bellas Artes de Santurce, como parte del Festival Interamericano de las Artes.
En octubre de 2010, Mario Hernández realizó lo que sería su última grabación en vida. Durante la producción discográfica Indio de Raza Mayor, del percusionista neoyorquino Chino Ramos, grabada en el estudio del maestro Luis Ginés en Manatí, surgió la necesidad de un tema adicional para completar la producción con diez temas.
El compositor y cantante manatieño Reinaldo “Tití” Ortiz compuso y cantó junto a Mario la pieza que tituló El Rey del Tres, en honor a Mario Hernández, incluyéndola en la producción. Invitado por Jerry Rivas, cantante de El Gran Combo, Mario grabó el tres y realizó los soneos, además de ejecutar un solo memorable.
El arreglo y la dirección musical estuvo a cargo del maestro Luis Ginés; la masterización fue realizada por el ingeniero Papo Sánchez, y los coros fueron interpretados por Jerry Rivas, Rafael Ortiz y Gerardo Rivas.
Esta grabación se convirtió en un testimonio fiel del legado del maestro Mario Hernández, que quedará grabada para la historia.
Q.E.P.D. su alma.
Mario Hernández falleció el 2 de enero de 2013 de causas naturales. Dejó como legado más de 250 grabaciones discográficas y una huella imborrable en la música popular puertorriqueña. Su nombre permanece vivo en la memoria colectiva como símbolo de excelencia, tradición y amor por el arte del tres.
Fuentes consultadas:
Fundación Nacional para la Cultura Popular.
Biografía de Mario Hernández, escrita por Javier Santiago.
https://prpop.org/biografias/mario-hernandez/



